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Logró construir colegios para miles de alumnos y vivienda para miles de familias necesitadas, solo con los recaudos de sus ‘Banquetes del Millón’ donde los gobernantes y los ricos famosos o anónimos del país acudían prestos a recibir su absolución, un consomé y un pan, entregando a cambio un generoso aporte para sus obras.

Pero consiguió mucho más que eso, fue capaz de llegar al corazón de todos los colombianos, al de los humildes y los soberbios, al de los débiles y los poderosos, al de los justos y los delincuentes. Por eso, pudo hacer verdaderos milagros en un país donde estos ni se hacen ni suceden, y así logro, ya al final de su vida, el ‘señor de las aguas’, como él mismo socarronamente se llamaba, detener la violencia infernal del narcoterrorismo.

Fundación del Minuto de Dios

En 1946 comenzó una larga carrera vinculada a los medios de comunicación porque, primero en radio 1946 en Radio Fuentes en Cartagena y luego, desde el 10 de enero de 1955 y durante 37 años continuos, en televisión, con su conocido programa El Minuto de Dios, desde el cual, además de tratar temas referentes a la difusión de la fe, comenzó a abordar la labor social con realizaciones concretas: primero la construcción del barrio de los pobres en Cali y después, a partir de 1957, en unos terrenos donados por Antonio Restrepo y Estanislao Olarte, en las cercanías del río Juan Amarillo, al occidente de Bogotá, ‘El Minuto de Dios’ que, gracias a una luminosa idea de García-Herreros, realiza anualmente, desde noviembre de 1961, el ‘Banquete del Millón’ con el que se financian muchas de las necesidades del barrio que, a partir del 10 de septiembre de 1965, se constituyó en parroquia y cuyo primer párroco fue el ‘telepadre’ García-Herreros, quien fundó en sus terrenos el Museo de Arte Contemporáneo (1966), le suministró una emisora, una editorial, una programadora de televisión y una universidad, convirtiéndolo en una verdadera ciudadela.

La escenografía del programa se hizo pronto muy familiar entre los colombianos. Una cruz de madera con el travesaño inclinado, tras la imagen de García Herreros, quien en los últimos años vestía una ruana sobre su sotana, o de sus invitados ocasionales. También se hizo familiar la frase con la que cerraba diariamente este espacio de un minuto: « Dios Mío, en tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega.»

El programa se ha seguido transmitiendo tras la muerte, en 1992, de Rafael García Herreros, manteniendo la misma escenografía y la misma oración al final. En 2005, el programa cumplió 50 años de transmisión ininterrumpida.

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